Yolanda Wood, Mayo, 2001   Leer »
Andrés D. Abreu, Mayo, 2002  Leer »
Virginia Alberdi, Diciembre, 2002  Leer »
Rafael Acosta de Arriba, Noviembre, 2003  Leer »
Orlando Hernández  Leer »
Argel Calcines, Mayo, 2005  Leer »
Rufo Caballero, Marzo, 2006  Leer »
Maria Milian, 2008  Leer »
Aldo Menéndez, 2009  Leer »
Wesley Pulkka, 2010  Leer »
"La extraña armonía de lo insólito"
...Rubén se mueve con soltura en los diferentes medios artísticos. Decidirse por la pintura ha sido una opción dentro de los diversos procedimientos que domina, los cuales establecen canales de encuentros y desencuentros en toda su trayectoria. En la pintura sorprende la sobriedad del color que ya practicaba en el grabado previamente. Se diría que nada de tropicalidad ni exotismo hay en ellos, términos que suelen aplicarse como etiquetas a todo lo que llega de las islas de mar y sol caribeños. El pintor insiste en que nada de hermetismo ni introspección hay en sus cuadros. Siente el placer de manejar una paleta que evoluciona en el proceso mismo hacia la obra final. El disfrute está precisamente en el tránsito reductor de esa paleta. Sobre el lienzo o la cartulina inicial pueden estar todos los colores. Entonces comienza el trabajo del artista para llegar a la superficie deseada y transitar, de las formas espontáneas que surgieron en los primeros trazos del dibujo, a las calidades y cualidades pictóricas que le interesan. En el andar sobre el cuadro se produce el descubrimiento. No hay azar ni sorpresa, es un tránsito por estaciones diversas en las que, sin perder el rumbo, el artista puede tomar diferentes caminos para siempre llegar...

...la segura sobriedad de sus colores, construyen otra de las zonas de extrañamiento en el proceso de emisión–recepción, pues estimulan una opacidad en el contacto perceptivo que orienta la manera de penetrar al cuadro y a su contemplación. Entonces es cuando forma y color encuentran el punto máximo de atracción para la construcción de una noción de belleza ajena a lo decorativo. El reclamo de atención está en el interior mismo de cada cuadro por la materialidad pictórica, por la calidad de la factura y por el modo sutil de evocar la figura al margen de toda realidad. Por eso las obras se desplazan en un juego simbólico de relaciones entre lo verdadero y lo falso, entre lo racional y lo irracional; al no representar, representando. En la verosimilitud de lo inverosímil...

...lo insólito surge entonces de esa armonía interna como forma de significación pues las obras crean sus propios sistemas de referencias para hablar de ellas mismas. Desde el espacio pictórico se componen todas las metáforas y a la imaginación se subordinan todas las posibles anécdotas. El artista ha sometido al lenguaje del arte el mundo y la realidad. En la imagen visual de las obras encontrará el espectador el asombro de lo inexistente y quizás necesario para componer una visión más poética de nuestro propio existir...

Yolanda Wood, Mayo, 2001

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